JULIO MANUEL VILLAVICENCIO

“Quiero seguir siendo feliz”

El joven empresario y trabajador -como él mismo se define- habla con total pasión de los deportes que suele practicar, de su familia, y con gran nostalgia de sus padres, quienes fundaron la empresa Servillasa.

Al llegar, lo encuentro de pie en la calle, frente a la que fuera su casa y hoy es la oficina. Escribe en un papel de forma minuciosa, mientras  supervisa  trabajos de construcción.   

De aspecto tranquilo y muy sonriente, comenzamos a conocer al   empresario y al ser humano en su tiempo libre. Su semblante y atento recibimiento, con alegría y un brillo de gratitud hacia la vida, me recuerdan que las almas grandes se distinguen por su sencillez.

¿Cómo empezó su historia como ferretero?

Quien inició el negocio hace 26 años fue mi papá. Con una marca de adhesivos llamada Henkel. Empezó en el garaje de la casa, salía en un picop de ferretería en ferretería. Tengo 20 años de trabajar con él, somos tres hermanos y todos trabajamos acá. Nos consideramos una empresa familiar. Mi hermana tendrá unos cinco años de trabajar con nosotros. Soy el mediano entre mi hermano y hermana.

Yo tenía 18 años cuando empecé, recién me graduaba del colegio. Iba a trabajar en una agencia de viajes y mi papá me dijo que viniera, desde entonces no conozco otro lugar, solo aquí. Aunque, de niño, siempre trabajé en vacaciones. Vendiendo calentadores, enciclopedias, curiosamente trabajé en Henkel, cuando ellos tenían muy fuerte la marca Pritt escolar, la goma en barra. Yo me disfrazaba de muñequito Pritt los fines de semana. Sin saber que, años después, íbamos a ser sus distribuidores. Hoy día, tenemos 26 años de relaciones comerciales con Henkel centroamericana y somos el distribuidor número uno en Guatemala, en el área de adhesivos.

Servillasa creció representando empresas muy importantes a nivel mundial. Henkel es una empresa alemana, Sika es suiza y 3M es de EE.UU.  Tienen mucho respaldo, productos con mucha calidad, son empresas que desarrollan tecnología.    Actualmente, somos los distribuidores número uno de las tres marcas.

Hablando de tendencias de cambio, en sus 20 años de trabajo, ¿cómo han podido mantener el negocio en medio de tanta inestabilidad política?

Considero que somos una empresa que trabaja mucho, nos gusta trabajar y tenemos muchos buenos principios que mi papá nos ha dado a nosotros, y los hemos sabido trasladar a cada uno de nuestros colaboradores. Considero que, en países como Guatemala, que vive en constante crisis económica o política, social, uno se adapta. Se vuelve más astuto, año con año. Lo digo con toda humildad, y Diosito lo sabe, que es quien nos guía acá. Cada vez que hay crisis afuera, nosotros siempre salimos adelante. Puedo decirle que, en los 21 años de estar aquí, este año ha sido el más difícil. Porque todo se juntó. 

Este año, me topé con una crisis económica del país, una crisis social, la delincuencia está subiendo cada vez más y estos cambios de gerencias de mis marcas…cuesta adaptarse, cuesta tenerles el dulcito para que estén contentos. No es fácil.

¿Se refiere a la tendencia de estas multinacionales de querer incrementar los números a condiciones irreales?

Yo le decía hace poco a mi esposa que creo que un empresario exitoso en Guatemala, puede ser exitoso en cualquier parte del mundo. Porque son personas que idean técnicas, resuelven problemas en el instante y salen con números positivos año con año. Nos movemos rápido.

Se adaptan a las adversidades…

Nos adaptamos y hace poco les dije eso a mi esposa y a mi hermana. Antes planificábamos un año. Hoy día, hice en este primer semestre, todo lo que antes hacía en un año. ¡Se te acaban las ideas! Te lo digo, llegó un momento en que le dije a mi papá y a mis hermanos: “Ya no puedo más, se me acabaron las ideas”. Y busqué un coaching. Tengo tres meses de recibirlo. Me ha ayudado mucho a estar con empresarios que tienen las mismas dificultades que yo, empresarios cafetaleros, de la industria alimenticia, empresarios como nosotros, psicólogos, habemos empresarios de todo en ese coaching que estamos recibiendo. Más allá de lo que ellos nos puedan enseñar, he aprendido a despertar la chispa que, a veces, se va acabando. ¡Uno se cansa!

Es como un renacer o como las máquinas, que hay que reiniciarlas.

Puedo concluir que el coaching no es más que un método de revisión de si estás haciendo bien las cosas, eso es el coaching.

La palabra lo dice: es un entrenador que está a la par, cuando uno ya quiere “tirar la toalla”.

El coach tiene muchos testimonios de gente que él ha apoyado. Él se basa en muchos testimonios que puede dar como ejemplo de que en tal empresa, hicieron esto y esto, y podría funcionar. Tiene muchos métodos de casos.  Desde el primer día, ¡me sentí lleno de energía otra vez!  Asisto cada 15 días, son tres horas muy bonitas. 

¿Cuántos colaboradores hay en la empresa?

Actualmente son 32.

¿Tiene planeado traer la experiencia de coaching para acá?

Voy a darlo acá. Como te digo, uno vuelve a hacer cosas que antes hacía, y a preguntarse: “¿Por qué estoy aquí?”.  Con el tiempo, te vas yendo en el río de las cosas normales que te da el mercado, que te dan los libros, y realmente lo más básico es lo que más te ayuda. Por ejemplo decir: “Hoy no va a haber una reunión para ver los números, ni los resultados. No. Hoy nos vamos a juntar los 30, y quiero que platiquemos. ¿Qué te parece? ¿Cómo te sentís en tu puesto? ¿Qué crees que está fallando?”. Porque, muchas veces, uno despega los pies de la tierra, entonces tiene que regresar y ver qué está pasando.  Realmente esta es una empresa pequeña.

Bueno, no es pequeña la planilla…

Les decía a mis colaboradores: “Este año hay dos personas nuevas en bodega. Lo que quiere decir que hay dos familias más con trabajo. Tengo seis albañiles hoy acá, son seis personas más con trabajo indirectamente gracias a Servillasa, pero no a mí. Nosotros somos muy creyentes de Dios y sabemos que Dios nos ayuda en todo.

Somos cristianos católicos. Sabemos que Dios utilizó a mi papá como un buen instrumento para iniciar una gran empresa. Se lo puedo resumir así. Hoy día, mi papá ya se retiró de la empresa, físicamente él sigue siendo el dueño y el director. Viene una o dos veces al mes a hacer el cierre a fin de mes, a pesar de que mi hermana lo sabe hacer todo.

Le gusta sentirse parte todavía…

Sí, y yo creo que es una parte muy difícil de desprenderse, porque esta empresa es un bebé que mi papá construyó.

Mi hermano ve el área de supervisión de ventas, yo veo el área operativa, soy el gerente general, y mi hermana ve las cuentas por pagar.

¿Cree que su creencia ha hecho la diferencia en el éxito de su negocio?

Sí. La espiritualidad a nivel humano se ha perdido. Y la espiritualidad debe de existir siempre, es algo muy importante, tener fe. ¿Quiere que le diga por qué busqué un coaching? Porque yo no tengo jefe. Y muchas veces alguien que tiene un jefe, sabe qué hacer. Recibe dirección. Yo no tengo jefe. Y lo digo con todo el orgullo y el gusto de mi vida: “Dios me guía a mí”. Yo he estado en momentos en que digo: “¡Dios mío!, ¿qué hago ahorita?” Y Dios me responde en uno o dos minutos. 

Esa visión espiritual cambia lo que en otras empresas hubiera hecho que el proyecto se suspendiera o cambiara…

Es por eso la rotación de personal en las empresas. Tenemos (vendedores) de 18 años, 16 años, y cada año suman más porque no rotamos personal. Los incentivamos, somos una familia muy bonita. Los que ya no están con nosotros es porque nos han fallado en temas difíciles, económicos, son decisiones que ellos han tomado. Nadie se va y no quiero que nadie se vaya, los quiero mucho.

¿El negocio seguirá siendo familiar? ¿Tiene hijos?

Tengo tres hijas. Ese era mi pensamiento hace unos años. Yo tenía la emoción de que mi hija mayor trabajara conmigo, (saca su celular y me dice que va a mostrarme a sus hijas). Ella ha demostrado su tendencia hacia los negocios. Incluso empezará en la universidad el otro año y va a ser administradora de empresas. Eso fue lo que ella eligió.

Con el tiempo, cambié mi mentalidad porque, al final de cuentas, creo que el que mis hijas empiecen aquí de una vez sería egoísta de parte mía. Yo quiero que ellas tengan compañeros de trabajo, quiero que tengan un convivio de gente que es ajena a su familia, quiero que viajen con sus compañeros de trabajo. Quiero que tengan un jefe enojado, que tengan un jefe feliz, quiero que ellas prueben, porque, con el tiempo, si quiere venir a la empresa, ella me va a enseñar más de lo que yo le puedo enseñar a ella. Es más fácil que ella me enseñe a mí, porque yo estoy encapsulado en esto. Ella afuera puede ver cosas diferentes. Me serviría más. No quiero destinar la vida laboral de mi hija aquí, ella tiene derecho a elegir. Mis tres hijas.

Ahora tengo que pensar como empresario inteligente, tengo que desarrollar una empresa sólida en la que, con el tiempo, si mis hijos no están, voy a poder poner gerentes y que la empresa siga, pero tengo que poner bien todos mis lineamientos. La ética, aunque yo ya no esté, tiene que seguir. Es mi responsabilidad establecer algo más sólido para que la empresa crezca, sentir los valores.   Hay que vivirlo y tenés que dar el ejemplo de lo que somos y, créeme, aquí hay gente que es excelente, espectacular, de la que aprendo día con día. No se imagina cuánto aprendo con ellos.

Cuando lo encontré afuera lo vi concentrado y escribiendo. Pensé en una persona detallista, del tipo que sabe algo pequeño o algo grande…

Ese es un problema que tengo en el coaching, porque ellos son buenos pero son metódicos, son muy de libros, no saben lo que es crecer una empresa, nunca lo han hecho. No saben lo que es construir, y construir es bien difícil, ¡lo que mi papá hizo es muy difícil! Yo les cuento que, si es necesario y necesito personal en bodega, ¡yo voy! Yo me quito mi camisa y voy a levantar cajas y a ayudarlos. Ellos dicen que no tengo que hacerlo, pero yo digo que el ejemplo tenés que vivirlo. La mejor forma de enseñar es dando el ejemplo.

Es una forma de guiar y de ser líder, de buscar un liderazgo sin decirle a la persona “seguíme”.  Adoro la empresa familiar, yo amo mi empresa, vivo por ella.

Al ingresar, saludé a su señora, bajando las gradas. ¿También participa y está involucrada en la empresa?

Te lo voy a decir de una forma directa: Mi esposa pasó a ser un buen tiempo la mano derecha de mi papá financieramente. Mi papá depositó mucha confianza en ella y mi esposa lo ve a él como a un papá. Él la adora, no hay celos con mi hermana, son muy amigas. Mi hermana entiende el rol de mi esposa dentro de la empresa. Trabajar con mi esposa por 14 años al principio era difícil, muchos me preguntan y yo les digo que es lo mejor. Lo digo ahora, antes no lo decía, pues uno se deja influenciar por las cosas que pasan alrededor. Yo tenía amigos con cargos altos y sus “after-office”, yo no tuve en eso, porque lo mío es mi esposa, mi hogar y la empresa.

Su apoyo ha sido vital para el crecimiento de la compañía…

Puedo decirle que, en todas las empresas que yo conozco, de éxito, están el esposo y la esposa. Eso es garantizado y, ¿sabe por qué? Porque el esposo se dedica a hacer negocios y la esposa cuida el hogar, así como cuida el negocio. La mujer tiene una gran ventaja en la vida. He visto esto en muchos negocios, es clave.

También le puedo decir que conozco algunos negocios en donde los esposos como pareja ya no funcionaron y ya no son los mismos negocios. Financieramente se vienen abajo, en el mercado ya no son tan fuertes como antes, y es por eso. A mí me mueve mi esposa, mis hijas. A mi hermano, seguramente, lo mueven su esposa y sus hijos, y a mi hermana, su bebé y su esposo.

Muy profundo todo lo que ha dicho…

Créame que soy lo más sincero que puedo ser. (Sonríe).

¿Sus papás comenzaron juntos? 

Sí. Mi mamá fue una mujer extremadamente luchadora. Siempre estuvo al lado de mi papá, pero falleció hace tres años.

Mi mamá siempre apoyaba en todo. (Habla pausado al referirse a su papá). Mi papá es una persona que luchó. Él fue piloto de bus. Yo era ayudante de mi papá, era brocha de mi papá, brochita me decían mis amigos de chiquito. Mi mamá tenía tortillas aquí enfrente, ella vendía tortillas y nosotros repartíamos también. Entonces venimos de un hogar en el que nos ha gustado trabajar. ¡Dios nos ha bendecido mucho, juntos siempre, toda la vida! Mi papá vendió telas, trabajó en Estados Unidos, nos dejó como cuatro años, fue a trabajar como mesero a algún lugar, regresó y compró un bus, que en ese entonces, era de la empresa Eureka. Él manejaba el bus. Nos íbamos de vacaciones con él para hacer dinero. Mi papá fue transportista, piloto y, bueno, aquí le llaman chofer, hay que llamar a las cosas por su nombre, culturalmente.

Esto es sumamente motivador. La historia se repite en estas entrevistas. Esfuerzo consciente de generación en generación. ¿Va a participar en la FerretExpo?

Sí, este es nuestro décimo u onceavo año. Inició por una inquietud mía, yo sabía que eso funcionaba. El primer estand de mi empresa lo hice yo, quedó como una tienda de barrio (se ríe).

Quiere decir que le ve una función utilitaria de aprovechar para vender.

Sí, nunca olvido cuánto vendí la primera vez y cuánto me costó armar ese local. Hoy día, veo cómo te facilitan las cosas y eso no es tan bueno. Ahora, mi hermana se encarga de eso con outsourcing. El hacer un local en la FerretExpo es algo complicadísimo.

¿Le gusta viajar?

¡Me fascina! Le encontré el gusto cuando empecé a hacer deporte.

¿Visita a sus proveedores?

Solo en Guatemala, nos juntamos a comer, a veces. Me llevo muy bien con ellos, somos buenos amigos, pero no conozco ninguna de sus fábricas fuera. Ya no hay relación comercial, somos muy amigos, nos juntamos con las familias, es parte de ganarte la confianza de ellos. La palabra “empresario” es bien pesada. ¡Pesa! Te carga mucho.

Esa responsabilidad se las paso a ellos. No sé…empresario se oye “muy creído”, ¡hombre!, realmente somos trabajadores y me gusta mucho compartir con todos y tratar de ser siempre el mismo porque, en la vida, a uno se le sube a la cabeza el dinero, siempre. Esa es la cosa más fea que te puede pasar. Cuando te volvés arrogante, creído, creés que te lo merecés todo. Eso creo que a cualquier empresario le ha pasado. Y el que me diga que no está mal, es porque no se ha dado cuenta.

Esta sencillez viene de estar consciente que es una bendición poder forjar un negocio que funciona y cobija a tantas personas. Creo que en donde esté este pensamiento, no reina el ego.

(Se ríe). A mí me sirve cuando voy a la iglesia y hay alguna actividad el domingo. El sacerdote cumplía un año de servicio y me sirve levantarme y ayudar a repartir tamales. Porque es lo que me gusta hacer. Yo nací para el don del servicio, me gusta servir, hacer sentir bien a las personas. Me gusta moverme. ¡Soy súper inquieto!

Les digo a mis hijas: “¿por qué no salen?” Tenemos en la colonia un club con piscina, y les digo: “¡Muchá, vayan a la piscina!”. Si en mi época yo hubiera tenido una piscina, ahí estuviéramos todos. Pero las generaciones han cambiado. Yo nunca deseé nada más que estar en la calle jugando, esa fue mi juventud preciosa. Pasan momentos en mi vida, como sentarme con alguien de México, Alemania, que me invita a comer aquellos platillos tan caros, y digo yo: “hasta dónde estoy sentado ahora”. Después de haber sido ayudante de mi papá en el bus y de repartir aquí, que lo sigo haciendo cuando se puede, y hoy estoy frente a una persona que me está entrevistando, es una cosa bien mágica y bien bonita, te lo juro. (Sonríe).

Veo varias medallas en la pared…

¡Tengo más! Tengo unas 50 o 60 más. Lo que pasa es que estas son las más importantes para mí. Esta fue mi primer Ironman que hice, primero y único. (El triatlón Ironman es una serie de carreras organizadas por World Triathlon Corporation. Los participantes tienen que cubrir 3 distancias, 3.86 km de natación, 180 km de ciclismo y 42.2 km de carrera a pie. La carrera tiene un tiempo límite de 17 horas. Fuente: Wikipedia).

Es un triatlón. Este de aquí (señalando una de sus medallas) es medio Ironman. Son 2 kilómetros nadando en el mar, en aguas abiertas, 90 kilómetros en bicicleta y 21 corriendo. Este lo hice hace dos años en México. Este año, el 26 de noviembre iba a ser mi full Ironman que era el doble. No pude porque tuve un accidente en bicicleta. El otro año, si Dios me lo permite, voy a hacer otros medios, pero quiero hacer el full, porque siento que, si no lo hago, no cierro ese círculo. Es un reto.

Atravesar esas metas, es la cosa más especial del mundo. En el medio Ironman tienes 8-9 horas para terminarlo. Yo lo hice en 6.31 horas. No soy bueno, mis amigos lo hicieron en 5 horas. El full Ironman te da 18 horas para terminarlo. Tengo amigos que lo han hecho en 11.

Estuve en Monterrey haciendo el medio Ironman, con miedo, un miedo increíble, que no dormís. Había una señora como de 84 años que era su 42avo. Ironman. Te motiva…  El Ironman es algo tan lindo y especial, yo empecé corriendo. ¿Sabes qué? Terminas y quedas bien sentimental, te volvés bien susceptible.

¿Viene un sentimiento de realizar la fragilidad humana?

Te quebrás en el camino, llorás cuando te duelen tus pies, tus rodillas. tenés que terminar antes de 8 horas porque, si no, no te dan tu medalla. Empezás a luchar con tantas cosas, te hace ser una persona diferente. Te enseña que, si entrenás, ¡lo lográs!

Muchos dicen que es un deporte mental. No es mental, es entreno. En la vida, la disciplina es lo que te va a ayudar a lograr ser lo que querés ser. Por eso, ha sido trabajo de años de mi papá, de nosotros, de toda la gente que está con nosotros. No fue de la noche a la mañana, no nos lo dijo un libro que lo escribió alguien de Harvard. Esto es igual, es un trabajo. Yo me entrené cuatro meses antes, bajé 27 libras de peso, porque ¡me gusta comer! Entrené en la mañana y en la noche, a diario.

Para hacer esto también necesito el apoyo de mi esposa y mis hijas. Esta otra maratón la hice en Berlín. Me gustó el deporte porque también era un pretexto para viajar. Berlín, México, Chicago, Nueva York. Y tres maratones completas, la Century, en donde se pedalean 160 kilómetros en 8 horas. Yo los he hecho en 6 horas. Es algo precioso.

¿Cuánto tiempo, en años, hay en esas medallas?

Desde 2013 que empecé, al día de hoy. Tengo muchas más, pero estas son las que me costaron. Son seis medallas aquí, y quiero seguir sumando. Es un vicio sano pero que debe de controlar uno, porque todos los extremos son malos. Hasta en eso se madura, porque la vida no es el deporte, la vida es mi familia.

¿Cómo es nadar en aguas abiertas? Sentir que viene un animal…

¡Es un miedo…! A mí me enseñó mi entrenadora, Michelle, la única guatemalteca con un ultra-Ironman a nivel latinoamericano, cuando fuimos a Laguna Calderas. Me enseñó que pida permiso primero al agua para entrar, porque ella es mera mística. Como 50 metros después, me desesperé y tomé mi boya, y ya no tocaba el piso. Ellos saben cómo terapiarlo a uno, y me solté, y nadé como 4,600 metros, lo que nunca había hecho. Es emocionante. Ahí rompí mi miedo a las aguas abiertas.

Requiere un trabajo mental muy fuerte…

Lo más difícil de las tres disciplinas es correr. Porque se da en la última fase, ya vas acabado. Retirarte es muy duro.

He pasado por debajo del arco del triunfo, es increíble. Me pongo a ver historias de triatlonistas, soy muy sentimental y se me salen las lágrimas, porque te emociona. Me sirve para trasladarlo como una charla motivacional o empresarial. A veces estamos en diciembre, y nos falta esos 142 metros (como en la maratón) para terminar el año. Son los más cansados, donde ya querés tirar la toalla. Lo peor es estar cansado y ver la meta. Se vuelve eterno llegar. El deporte te da vida.

(Alguien toca la puerta…).

Ha sido sumamente grato conversar, contagiarme de este entusiasmo, valores y virtudes. Pudiéramos conversar tres horas, pero entiendo que está muy solicitado…

Para mí más, créame.

Quiero terminar con una pregunta abierta: ¿qué sueña Julio para el futuro?

(Sonríe y piensa…) “Seguir siendo feliz. Ya lo soy, pero quiero seguirlo siendo”.